Buenos Aires, Argentina.
Históricamente los velatorios porteños durante décadas contaron con la presencia destacada e imponente de los Lacayos.
La figura del Lacayo data desde la época de los servicios de Pompas Fúnebres realizados con carrozas tiradas por caballos y donde las capillas ardientes eran instaladas en los domicilios particulares.
El Lacayo, un hombre de una elegante presencia y una altura promedio de 1, 75 metros tenía el rol de vigilar los pabilos de las velas encendidas en la capilla para que no formaran estelas de hollín y comúnmente se ubicaba en la puerta del domicilio como portero.
Llegada la hora del sepelio el Lacayo organizaba el servicio de calle, comenzaba haciendo despedir los deudos antes de cerrar el féretro y posteriormente delegaba las tareas a los choferes de coches, retirar y ordenar las coronas en la carroza para las flores, retirar el ataúd de la capilla ardiente por las personas mas allegadas al extinto y posteriormente ubicaba estos en los coches de dolientes y acompañamiento.
La Capital Federal en la década de los 80 llegó a tener 250 lacayos aproximadamente, entre los más conocidos estaban los hermanos del boxeador Ringo Bonavena.
El modernismo en el sector funerario porteño llevo a crear la imagen de la Azafata exequial en la década de los 90, esto lentamente en conjunto con la política de abaratar los costos de los sepelios elimino la imagen del Lacayo.
Actualmente solo queda en el área metropolitana cinco Lacayos.
La imagen de este trabajador funerario en breve ya pasará a ser un recuerdo de la época dorada de las Pompas Fúnebres de velatorios porteños.
Esta columna se la dedico a mi compañero Adalberto Canavino de la centenaria funeraria “EMPRESA La Capital” S. Cámara S.R.L. del barrio de Boedo, Capital Federal.
Luis Briganti León