El Museo de costumbres funerarias (Illinois, Springfield)


Yo pensaba que los Estados Unidos era un sitio aburrido y sin demasiados alicientes, muy “capitalista” ya sabéis, por eso me sorprendió tanto descubrir que tenían este museo, con lo recatados que son los americanos para según que cosas… Sea como fuere, el caso es que este museo merece de nuestra atención, así que allá vamos:

La idea original fue e Jhon N. Austin, historiador de la universidad de Nueva Cork al que un buen día se le ocurrió que a pesar de ser un tema del que al común de los mortales no le gusta hablar era necesario tener un conocimiento sobre la muerte y la disposición de los cuerpos para su paso al mas allá.

Así vio la luz, en 1999 el museo de la muerte, creado por la asociación de directores funerarios del estado de Nueva York.

El museo da un paseo pro algunas cosas básicas (que con un poco de cultura general se pueden conocer) y por técnicas que posiblemente solo conozcan los profesionales de la materia.

Por ejemplo podemos ver un poco de historia, conociendo los orígenes de la profesión fúnebre, como se aplicaban las tradiciones y las costumbres de luto y recogimiento de antaño.

También podremos conocer las técnicas antiguas y modernas del embalsamamiento de cuerpos humanos que no es más que la ciencia para retrasar la descomposición de cuerpos orgánicos.


También disfrutaremos de diversas imágenes de cuerpos “post-mortem” tengo entendido aunque no he conseguido encontrar una muestra que es posible ver el cambio desde un cuerpo previo al embalsamamiento a después del mismo.

El museo tiene mas de 8000 visitas al año, curiosamente muy estratificadas, existen 3 grupos principales de visitantes, por un lado las personas mayores de 50 años, por otro lado niños y estudiantes y un tercer grupo mayoritario son los novelistas, escritores o personas del cine que desean que sus escenarios macabros queden lo mas realistas posibles.
Sin embargo lo que es común en todos ellos es que entran algo nerviosos y tensionados con la idea de lo que vana ver y sin embargo los que aguantan la visita hasta el final salen mucho mas familiarizados con la muerte.




Uno de los puntos fuertes de la visita es la sala del embalsamador, presidida por una mesa de embalsamar de hierro fundido con la parte superior de porcelana, dispone de una “cesta de extirpación” en la que transportar los restos hecha de mimbre. Aquí los visitantes pueden aprender que las técnicas de embalsamación se remontan al antiguo Egipto pero que sin embargo no llegaron a los estados unidos hasta 1840, también se aprende que en la actualidad ya nada de todo esto es necesario por que la embalsamación se realiza inyectando una sustancia, normalmente formaldehído en una arteria cercana a la vena yugular.

Siguiendo con la historia, veremos que las reglas al respecto del luto han sido muy estrictas hasta hace bien poco, por ejemplo cuando el esposo moría se esperaba que la mujer vistiera de negro durante uno o dos años más, curiosamente esto le daba un nuevo “status” social con ciertas ventajas de cara al iglesia o para conseguir ayuda de la administración.

El hombre sin embargo sólo debía llevar un brazalete negro y únicamente por 6 meses, no conseguía ninguna ventaja social por ello pero incluso este tiempo podía ser acortado si tenía niños pequeños y “tenía” que encontrar una nueva esposa que se ocupara de ellos, si eso ocurría, se esperaba que la nueva esposa vistiera de negro en memoria de la esposa anterior.

En los funerales los hombres no debían demostrarse demasiado emotivos bajo pena de que se cuestionara su hombría, tampoco era de recibo “pasar del asunto” había que mantener un equilibrio quizás un poco complejo, sin embargo en el caso de las mujeres era obligatorio llorar, cuanto mas y mas alto, mejor, de hecho no se si conocéis la figura de las plañideras, de las que ya hemos hablado en algún único articulo que eran profesionales del llanto, estas señoras cobraban por avanzar tras el féretro hasta el cementerio y acompañar a la familia durante el entierro llorando a todo llorar, hasta en las plañideras había clases, cuanto mas volumen y mas desconsolado pareciera el llanto mas dinero cobraban.

Muchas de estas costumbres han desaparecido, pero no todas, como la de llevar el ataud con los pies por delante, tengo entendido que tradicionalmente esto era así para evitar que los difuntos pudieran ver el hogar que dejaban atrás, así se evitaba que quisieran regresar para morar entre los vivos.

Un último apunte histórico… ¿sabíais que hasta 1920 el proceso de embalsamamiento se realizaba en la cocina del propio difunto? Principalmente por dos razones, la primera es que había un lavabo cercano para lavarse, solía disponer de una superficie grande y firme de trabajo y por lo general era la parte de la casa con el mobiliario mas barato, supongo que además debía de dejarse un agradable olor para recordar al difunto durante el tiempo venidero…

Siempre perdemos las buenas costumbres…

Otro de los puntos fuertes del museo es su repaso a las costumbres funerarias del mundo, debidas principalmente a diferentes religiones.

En los funerales judíos suelen prohibir embalsamar o cremar pero exigen sepultura en menos de 24 horas y un periodo de una semana de oraciones, tampoco es posible mirar al difunto.

En regiones de África los funerales suelen llamarse “Ir a casa” y son considerados un viaje a un lugar mejor.


Como no podía ser de otra forma, el museo dispone de una colección de ropas funerarias, algodón para las mujeres y un traje estilo esmoquin para los hombres, también podremos ver un anuncio del siglo 19 de tales trajes, lucidos por dos sonrientes (y vivos) modelos.

Otro artículo curioso es el ataúd re-utilizable, que yo no conocía y que vaya… no te creas que es lo mejor del mundo, el instrumento consistía en un ataúd con un sistema de engranajes que permitían que el fondo del ataúd se abriera dejando caer al difunto a la fosa, después el ataúd se sacaba se procedía a cubrir al difunto de tierra y ya estaba listo “para el siguiente”.


Otro gran invento de la antigüedad que se puede visitar en el museo es el ataúd que por medio de una cuerda y un tubo hasta la superficie permitía la difunto tocar una campanilla en caso de haber sido enterrado vivo para avisar a la superficie de que necesitaba un rescate urgente.

Esto último que parece hasta jocoso no era “tan” raro, de hecho en el cristianismo una de las prácticas necesarias no hace tanto tiempo antes de beatificar a alguien (paso previo para convertirse en santo) era su exhumación, en ella se examinaba, entre otras cosas, el ataúd para ver si existían marcas de uñas o de golpes contra el mismo.

Caso de existir se asumía que la persona había pecado desde su ultima confesión (lógicamente si a mi me entierran vivo calculo que me cabrearía bastante y juraría un poco contra la madre de algunas personas) y que por lo tanto no podía ser beatificado.

Y hasta aquí nuestra visita por el museo de costumbres funerarias, irónicamente, al buscar enlaces a la página Web del museo y quizás alguna imagen adicional del mismo he descubierto que el museo cerro a principios del 2009, o sea que ya en su concepción este articulo es un artículo “post-mortem”.


Siento que no podamos ir a visitarlo pero por lo menos nos quedaremos con este recuerdo, espero que os haya gustado, os dejo con un vídeo recordatorio de lo que fue este museo.





Fuentes: http://kulturagotika.com/turismo-gotico/turismo-internacional/museo-funerario.html